
Anoche se inauguró por fin la Exposición Internacional de Zaragoza 2008, dedicada al agua y al desarrollo sostenible. Como ellos mismos nos dicen, "la mayor fiesta del agua en la Tierra".
Como ya sabéis, estos eventos cuestan mucho dinero, tiempo y esfuerzo. Muchas obras, desmontes y movimientos de tierra. Mucha energía y recursos.
Bienvenido sea todo ello si la cosa no se queda en un parque temático, en un jolgorio más, en un nuevo centro comercial a lo grande diseñado específicamente para este verano. Porque en ese caso sería posiblemente demasiado caro, demasiado esfuerzo...
Bienvenido sea todo ello si la cosa sirve realmente a algunos de los fines para los que quizá fue pensada: para celebrar el agua y los ríos; para crear una nueva relación con ellos; para repensar e inventar entre todos nuevas formas de gestionar los recursos; para conocernos mejor y derribar prejuicios en torno al agua; para explorar nuevas formas de gestionar los ríos, más sostenibles y enfocadas al futuro; para extender al mundo una nueva conciencia, una nueva cultura del agua.
Bueno, ese es mi deseo, realmente.
Y para recordar lo que ocurrió anoche, me quedo con las palabras de Octavio Paz:
«El agua habla sin cesar. Nunca se repite»
A ver si somos capaces de escucharla, y no escuchar tan solo a nuestros ombligos.

Podéis saber más sobre lo que ocurrió ayer en las páginas del
Heraldo de Aragón, de donde son las fotos que ilustran esta entrada. Y sobre lo que va a suceder los próximos meses en la Expo accediendo directamente a
su web.
¡Celebremos el agua, pues!
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Etiquetas: Acaba el viaje