viernes 11 de julio de 2008

El fin del viaje


Todo llega a su fin.

Es así. Las cosas deben terminar para dar paso y dejar espacio a otras nuevas. Además, cada fin es un nuevo comienzo...

Y hoy le ha tocado el turno a este blog, que acaba aquí -aunque estará colgado durante más tiempo en la red para que pueda consultarlo quien lo desee-.

Hoy terminamos nuestro viaje por el Ebro, un viaje que hemos estado compartiendo durante más de nueve meses y que nos ha llevado de un extremo a otro de su cuenca. Un viaje con bastantes ingredientes, la verdad: algunos sobresaltos, bastantes inquietudes y conflictos y también, claro, una gran dosis de agua, de belleza y de hermosos paisajes.

Me hubiera gustado saber más de vosotros, los que estáis al otro lado. Y también haber navegado más, paseado más y contemplado más el río. Pero para esto habrá tiempo –espero-, aunque no lo relatemos ya aquí…

Hoy acaba nuestro viaje, es verdad. Pero no así el del río, cuyo fluir seguirá incesante por mucho más tiempo que el que nos corresponde a nosotros y a los descendientes de nuestros descendientes. Vivirá hechos que ni siquiera podemos imaginar. Y sus aguas bañarán pueblos y ciudades que hoy no reconoceríamos si las viéramos.

Y las gentes que vivan en esos lugares quizá amen más al río que nosotros, lo cuiden más, lo estimen más, se ocupen más de sus aguas y sus riberas, de los seres que lo habitan…

Entretanto, nosotros seguiremos procurando construir ese futuro, ¿no? Intentaremos mejorar las cosas y poner en ello lo mejor de nosotros mismos; disfrutar del río e invitar a los demás a que lo disfruten; dejarnos apaciguar con el sonido de sus aguas y atontar con los infinitos reflejos de la luz en los remansos. ¿No?


Bueno, será mejor que se apague ya mi voz para que podamos acercarnos al río y escuchar su música.


Hasta la próxima, pues. Y ya sabéis, disfrutad del río.

Un abrazo,


«el viajero»

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