martes 1 de abril de 2008

La paz del agua

Buuf, yo me había propuesto no entrar en el tema hasta el final del viaje. No dejar que nuestros ‘viajes del ebro’ se vieran cada dos por tres envueltos en agrias polémicas sobre trasvases y pugnas territoriales. Pero la cosa estos días está bien calentita y nos estamos desayunando ayer y hoy con grandes titulares sobre ‘la guerra del agua’. Y no creo que sea cosa tan solo de dos días. Así que se está haciendo muy difícil mantenerse al margen, también aquí.

Como sabéis, la polémica sobre los trasvases ha resurgido a raíz de la situación complicada que puede atravesar el área metropolitana de Barcelona en los próximos meses. Hay muy poco agua disponible y, como no llueva mucho, los cuatro millones de personas que allí viven pueden sufrir restricciones muy serias en todos los usos. De hecho hoy han comenzado a sufrirlas para algunos usos de carácter menor. La Generalitat de Catalunya quiere trasvasar agua desde el Segre al Llobregat para poder atender esta situación y el Gobierno de España no está dispuesto a admitir este trasvase, quizá entre otras razones porque abriría la Caja de Pandora de los agravios comparativos. ¿Por qué este trasvase sí y el otro, el que desean recibir las Comunidades del Levante desde el Ebro, no?

Entre los argumentos a favor está el hecho de que éste va a ser temporal (hasta que se ponga en marcha una desaladora que abrirá en abril de 2009). También se argumenta que ésta es una situación de emergencia, para abastecer el consumo fundamentalmente doméstico, mientras que el trasvase a Levante serviría para abastecer una ordenación del territorio insostenible, en la que un gran despliegue de campos de golf y urbanizaciones compiten por el agua con una agricultura también poco eficiente en su uso. A lo que desde la Comunidad Valenciana y Murcia responden que sus usos no son insostenibles ni ineficientes y que son tan legítimos como cualquier otro.

A su vez, la cosa se complica en otros flancos, porque dentro de Cataluña, los agricultores de algunas comarcas no están de acuerdo en que a ellos se les restrinjan los usos para cedérselos a las áreas urbanas e industriales. Y también -por supuesto- es importante tener en cuenta la postura del sector conservacionista, que aboga por una nueva cultura del agua y que en principio se opone a cualquier trasvase, ya que implica detraer agua del curso natural de los ríos, realizar más infraestructuras de embalse y canalización y poner en peligro ecosistemas tanto ribereños como en las desembocaduras (de los que el mejor ejemplo es el Delta del Ebro).

Hay muchos argumentos y contra-argumentos que se ponen encima de la mesa. En general, para apoyar las posturas previamente adoptadas por unos o por otros o los intereses de cada cual. El problema es grave y complicado y tiene visos de mantenerse por mucho tiempo en el debate, porque el régimen de lluvias parece que va a ser cada vez más inestable y las necesidades y demandas de agua no parece que estén descendiendo en general, salvo en casos puntuales. Además, es un tema que despierta pasiones encendidas, ya que el agua es el elemento fundamental en cualquier actividad humana e imprescindible para cualquier desarrollo económico, ya sea agrícola, industrial o basado en el turismo. Si a ello sumamos el uso retorcido y torticero que se hace en muchas ocasiones de las componentes territoriales y políticas, la gran batalla está servida.

Bueno, pues. ¿Y cuál puede ser nuestro papel en medio de todos estos ríos de tinta y declaraciones subidas de tono? ¿Añadir más argumentos? ¿Expresar nuestra postura? ¿Añadir una tribuna más a las ya existentes?

¿Podríamos contribuir de alguna forma desde aquí a la paz del agua?

[Ésta es una reflexión que me gustaría que hiciéramos juntos. Así que espero vuestras respuestas, opiniones y comentarios. Ya sabéis que lo podéis hacer directamente comentando aquí en el blog o enviando un correo electrónico a la dirección ebro[arroba]todocambia.com]

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1 comentarios:

A las 29 de abril de 2008 21:55 , Blogger Fernando Patiño ha dicho...

Quizás sea inevitable este debate pero demosle, al menos, cierto grado de sensatez y cierto grado de conocimiento; recuerdo, siempre, en estos casos la brillante clasificación que Perico Arrojo hace de los tres niveles de uso del agua: agua-vida, agua-ciudadania y agua-economía.
Si entendemos esa clasificación importará muy poco si el agua va la norte o al sur, al este o al oeste, al Levante o a Cataluña. Agua para beber, agua como derecho ciudadano (higiene, servicios.) o agua para enriquecerse y hacer negocio. Creo que esta idea puede aclarar mucho el debate.

 

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